Reflexiones

 

 

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NUNCA CEDAS A LA PRESIÓN  DE ESTE MUNDO QUE OLVIDA VALORES ESPIRITUALES COMO LA INTEGRIDAD

“Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. “ Romanos 12:2

 Si nos detuviéramos a analizar los casos que hoy vemos de falta de integridad, veríamos que muchos de ellos fueron el fruto de presiones ejercidas sobre aquellos que terminaron comprometiendo sus principios y sus valores.

La presión puede ser real y a menudo resulta de gran envergadura, pero en otras ocasiones se trata de una presión que solo es autoimpuesta, como es el caso de la persona que entiende que debe cambiar de carro porque el que posee no está a la altura de su posición. Más adelante, quizás la persona falta a su compromiso de pagar la mensualidad de un préstamo tomado para dicha compra porque sus posibilidades no se lo permiten. Ahora, sea real o producto de nuestra imaginación, esa presión que sentimos nos puede llevar a comprometer nuestra integridad; y la Palabra de Dios tiene mucho que decir al respecto, como nos exhorta  Pablo en Romanos 12.

El mandato que vemos en este versículo es precisamente no ceder ante la presión, no tomar la forma que el mundo nos quiere dar. Si nos vamos al texto original, veremos que la palabra «adaptéis» está relacionada con la acción de tomar algo y someterlo a presión, haciendo entonces que adquiera una forma diferente. Y esto es lo que la Palabra de Dios nos manda a evitar… el tomar la forma del mundo. Más bien la palabra nos exhorta a que seamos transformados por la verdad de Dios; y el proceso de transformación comienza en nuestra mente. Notemos que el proceso de transformación es paralelo al proceso de no adaptación y, como estos verbos están en tiempo presente en el original, la idea es que estas dos acciones, la de no adaptación y la de transformación, pueden ocurrir de manera simultánea todo el tiempo.

Quisiéramos comenzar estableciendo que ese proceso de transformación de la mente requiere de más que una simple lectura diaria de la Biblia. Muchos son los que la han leído, incluso los que la han memorizado, pero a pesar de ello sus vidas no han sido transformadas por la Palabra de Dios. Y entendemos que la razón de esto es que no hubo suficiente reflexión, meditación y acción con respecto a lo leído. Cada vez que leemos las Escrituras, necesitamos reflexionar sobre lo que ellas dicen, de manera que esas verdades puedan transformarnos.

 Si prestamos atención a la manera como Cristo enseñó, nos daremos cuenta de que sus enseñanzas estimulaban a la meditación.

 

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